Las reivindicaciones nacionales. Pannekoek

“La táctica socialista está basada en la ciencia de la evolución social. El modo como una clase obrera se hace cargo de sus intereses está determinado por su concepción de la evolución futura de las condiciones. Su táctica no debe dejarse influenciar por todos los deseos y objetivos que pueden surgir en el proletariado oprimido ni por todas las ideas que dominan su espíritu; si están en contradicción con la evolución efectiva no son realizables pues toda la energía y todo el trabajo que se les consagran lo son en vano y pueden incluso causar daño. Eso ocurrió con todos los intentos y esfuerzos para frenar la marcha triunfal de la gran industria y restablecer el antiguo orden de las corporaciones. El proletariado en lucha ha rechazado todo esto; guiado por su comprensión del carácter inevitable del desarrollo capitalista, ha establecido su objetivo socialista. Lo que se producirá efectiva e inevitablemente es lo que constituye la línea directriz de nuestra táctica. Por esta razón era de importancia primordial establecer, no qué papel juega en este momento lo nacional en un proletariado cualquiera, sino cuál será a la larga su parte en el proletariado bajo la influencia del ascenso de la lucha de clases. Nuestras concepciones sobre la significación futura de lo nacional para la clase obrera son las que deben determinar nuestras concepciones tácticas en las cuestiones nacionales.

Las concepciones de Bauer sobre el futuro de la nación constituyen el fundamento teórico de la táctica del oportunismo nacional. La táctica oportunista se dibuja por sí misma a partir del pensamiento fundamental de su obra, que considera la nacionalidad como el único resultado poderoso y permanente de toda la evolución histórica. Si la nación constituye, y no sólo hoy sino cada vez más a medida que se desarrolla el movimiento obrero, y totalmente bajo el socialismo, el principio unificador y divisor natural de la humanidad, entonces es inútil querer luchar contra la potencia de la idea nacional en el proletariado. Entonces será necesario considerar el socialismo mucho más a la luz del nacionalismo y expresar su objetivo en el lenguaje del nacionalismo. Entonces será necesario que pongamos delante las reivindicaciones nacionales y nos esforcemos en convencer a los obreros patriotas de que el socialismo es el mejor y el único verdadero nacionalismo.

La táctica debe ser completamente diferente si se llega a la convicción de que lo nacional no es más que ideología burguesa que no tiene sus raíces materiales en el proletariado y que por esta razón desaparecerá a medida que se desarrolle la lucha de clase. En este caso, lo nacional no sólo es una manifestación pasajera en el proletariado, sino que entonces constituye, como toda ideología burguesa, un obstáculo para la lucha de clases cuyo poder perjudicial debe ser eliminado en la medida de lo posible. Y superarlo se sitúa en la línea misma de la evolución. Las consignas y los objetivos nacionales desvían a los trabajadores de sus objetivos proletarios específicos. Dividen a los obreros de las diferentes naciones, provocan su hostilidad recíproca y destruyen así la unidad necesaria del proletariado. Alinean codo con codo los trabajadores y la burguesía en un mismo frente, obscureciendo así su conciencia de clase y hacen del proletariado el ejecutor de la política burguesa. Las luchas nacionales impiden que se hagan valer las cuestiones sociales y los intereses proletarios en la política y condenan a la esterilidad este importante método de lucha del proletariado. Todo esto es alentado por la propaganda socialista cuando ésta presenta a los obreros las consignas nacionales como válidas, independientemente del objetivo propio de su lucha y cuando utiliza el lenguaje del nacionalismo en la descripción de nuestros objetivos socialistas. Inversamente, es indispensable que el sentimiento de clase y la lucha de clase arraiguen profundamente en el espíritu de los obreros; es entonces cuando se darán cuenta progresivamente de lo irreal y de lo fútil de las consignas nacionales para su clase.

Por esta razón, objetivos de Estado-nación, tal como, por ejemplo, el restablecimiento de un Estado nacional independiente en Polonia, no caben en la propaganda socialista. La razón de ello no es que carecería totalmente de interés un Estado nacional perteneciente al proletariado. Pues resulta molesto para la adquisición de una lúcida conciencia de clase que el odio contra la explotación y la opresión tome fácilmente la forma de un odio nacional contra los opresores extranjeros, como en el caso de la dominación extranjera ejercida por Rusia, que protege a los capitalistas polacos. Sino porque el restablecimiento de una Polonia independiente es utópico en la era capitalista. Esto vale igualmente para la solución de la cuestión polaca que propone Bauer: la autonomía nacional de los polacos en el marco del Imperio ruso. Por deseable o necesario que sea este objetivo para el proletariado polaco, mientras reine el capitalismo la evolución real no será determinada por lo que el proletariado cree necesitar, sino por lo que quiere la clase dominante. Si, por el contrario, el proletariado es lo suficientemente poderoso para imponer su voluntad, el valor de tal autonomía es entonces infinitamente pequeño en comparación con el valor real de sus reivindicaciones de clase, que llevan al socialismo. La lucha del proletariado polaco contra la potencia política cuya opresión sufre realmente – el gobierno ruso, prusiano o austríaco, según el caso – está condenada a la esterilidad en tanto que lucha nacional; sólo como lucha de clase alcanzará su objetivo. El único objetivo que se puede alcanzar y que por esta razón se impone, es el de triunfar, junto con los otros obreros de estos Estados, del poder político capitalista y luchar por el advenimiento del socialismo. Ahora bien, bajo el socialismo el objetivo de la independencia de Polonia ya no tiene sentido pues nada se opondrá entonces a que todos los individuos de lengua polaca tengan libertad para fusionarse en una unidad administrativa.

En la posición respecto de los dos partidos socialistas polacos, la diferencia en la evaluación es evidente. Bauer insiste en el hecho de que ambos tienen justificación, pues cada uno de ellos encarna una faceta de la naturaleza de los trabajadores polacos: el P. P. S., el sentimiento nacional, la S. D. de Polonia y Lituania, la lucha internacional de clase. Esto es justo, pero incompleto. Nosotros no nos contentamos con el método histórico muy objetivo que prueba que todo fenómeno o tendencia es explicable y proviene de causas naturales. Nosotros debemos añadir que una faceta de esta naturaleza se refuerza en el curso de la evolución, mientras que la otra decae. El principio de uno de los dos partidos se basa en el futuro, el del otro se basa en el pasado, uno constituye la gran fuerza del progreso, el otro es una tradición obligatoria. Por esta razón, los dos partidos no representan la misma cosa para nosotros; en tanto que marxistas que basamos nuestro principio en la ciencia de la evolución real, en tanto que socialdemócratas revolucionarios que encontramos el nuestro en la lucha de clases, debemos dar la razón a uno y apoyar su posición contra el otro.

Hemos hablado más arriba de la carencia de valor de las consignas nacionales para el proletariado. Pero, ¿ciertas reivindicaciones nacionales no tienen igualmente la mayor importancia para los obreros, y no deberían éstos luchar por ellas de acuerdo con la burguesía? Las escuelas nacionales, por ejemplo, en las que los hijos del proletariado tienen la posibilidad de instruirse en su propia lengua, ¿no tienen un valor cierto? Para nosotros constituyen reivindicaciones proletarias y no reivindicaciones nacionales. Las reivindicaciones nacionales checas van dirigidas contra los alemanes, los cuales las combaten. Si, por el contrario, a los obreros checos les interesan escuelas checas, una lengua administrativa checa, etc., porque les permiten acrecentar sus posibilidades de formación y su independencia respecto de los empresarios y de las autoridades, interesan otro tanto a los obreros alemanes, los cuales tienen todo el interés en ver a sus camaradas de clase adquirir el máximo posible de fuerzas en la lucha de clases. Por tanto, no sólo los socialdemócratas checos sino también sus camaradas alemanes deben reivindicar escuelas para las minorías checas, y poco importa a los representantes del proletariado que sea la potencia de la “nación” alemana o la de la “nación” checa, es decir, la potencia de la burguesía alemana o checa dentro del Estado, la que se vea reforzada o debilitada por ello. Es siempre el interés proletario el que prevalece. Si la burguesía, por razones nacionales, formula una reivindicación idéntica, en la práctica persigue algo totalmente distinto puesto que tampoco sus objetivos son los mismos. En las escuelas de la minoría checa, los obreros alentarán el conocimiento de la lengua alemana porque esto constituye una ayuda para los niños en la lucha por la existencia, pero la burguesía checa se empleará en apartarlos de la lengua alemana. Los obreros reivindican la pluralidad más grande de lenguas empleadas en la administración, los nacionalistas quieren suprimir la lengua extranjera. Sólo en apariencia, pues, concuerdan las reivindicaciones lingüísticas y culturales de los obreros y las reivindicaciones nacionales. Son reivindicaciones proletarias las planteadas en común por el conjunto del proletariado de todas las naciones.”

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