La adaptación del capitalismo. Rosa Luxemburgo

“Según Bernstein, el sistema de crédito, los medios perfeccionados de comunicación y las nuevas combinaciones capitalistas son factores importantes que favorecen la adaptación de la economía de capitalista.

El crédito posee diversas aplicaciones en capitalismo. Sus dos funciones más importantes son ampliar la producción y facilitar intercambio. Cuando la tendencia interna de la producción capitalista a extenderse ilimitadamente choca contra las restricciones de la propiedad privada, el crédito aparece como medio para superar esos límites en forma típicamente capitalista. El crédito, a través de las acciones, combina en un gran capital muchos capitales individuales. Pone al alcance de cada capitalista el uso del dinero de otros capitalistas, bajo la forma del crédito industrial. En tanto que crédito comercial acelera el intercambio de mercancías y con ello la reinversión del capital en la producción y así ayuda a todo el ciclo del proceso de producción. La manera en que ambas funciones del crédito influyen sobre las crisis es bastante obvia. Si es cierto que las crisis surgen como resultado de la contradicción entre la capacidad de extensión, la tendencia al incremento de la producción y la capacidad de consumo restringida del mercado, el crédito es precisamente, a la luz de lo que decimos más arriba, el medio específico que hace que dicha contradicción estalle con la mayor frecuencia. En primer lugar, aumenta desproporcionadamente la capacidad de extensión de la producción y constituye así una fuerza motriz interna que lleva a la producción a exceder constantemente los límites del mercado. Pero el crédito golpea desde dos flancos. Después de provocar (como factor del proceso de producción) la sobreproducción, durante la crisis destruye (en tanto que factor de intercambio) las fuerzas productivas que él mismo engendró. Al primer síntoma de la crisis el crédito desaparece. Abandona el intercambio allí donde éste sería aún indispensable y, apareciendo ineficaz e inútil allí donde sigue existiendo algún intercambio, reduce al mínimo la capacidad de consumo del mercado. Además de estos dos resultados principales, el crédito también influye en la formación de las crisis de otras maneras. Constituye un medio técnico que le permite al empresario tener acceso al capital de los demás. Estimula, a la vez, la utilización audaz e inescrupulosa de la propiedad ajena. Es decir, que conduce a la especulación. El crédito no sólo agrava la crisis en su calidad de me dio de cambio encubierto, también ayuda a provocar y extender la crisis transformando el intercambio en un mecanismo sumamente complejo y artificial que, puesto que su base real la constituye un mínimo de dinero efectivo, se descompone al menor estímulo. Vemos que el crédito en lugar de servir de instrumento para suprimir o paliar las crisis es, por el contrario, una herramienta singularmente potente para la formación de crisis. No puede ser de otra manera. El crédito elimina lo que quedaba de rigidez en las relaciones capitalistas. Introduce en todas partes la mayor elasticidad posible. Vuelve a todas las fuerzas capitalistas extensibles, relativas, y sensibles entre ellas al máximo. Esto facilita y agrava las crisis, que no son sino choques periódicos entre las fuerzas contradictorias de la economía capitalista.

Eso nos lleva a otro problema, ¿Por qué aparece el crédito generalmente como “medio de adaptación” del capitalismo? Sea cual fuere la forma o relación en la que ciertas personas representan esa “adaptación”, obviamente solo puede consistir en su poder de suprimir una de las varias relaciones antagónicas de la economía capitalista, es decir, en el poder de suprimir o debilitar una de esas contradicciones y permitir la libertad de movimientos, en tal o cual momento, a las fuerzas productivas que de otro modo se encontrarían atadas. En realidad, es precisamente el crédito el que agrava estas relaciones al máximo. Agrava el antagonismo entre el modo de producción y el modo de cambio forzando la producción hasta el límite y, a la vez, paralizando el intercambio al menor pretexto. Agrava el antagonismo entre el modo de producción y el modo de apropiación separando la producción de la propiedad, es decir, transformando el capital empleado en la producción en capital “social” y transformando a la vez parte de la ganancia, bajo la forma de interés sobre el capital, en un simple título de propiedad. Agrava el antagonismo entre las relaciones de propiedad (apropiación) y las relaciones de producción dejando en pocas manos inmensas fuerzas productivas y expropiando a un gran número de pequeños capitalistas. Por último, agrava el antagonismo existente entre el carácter social de la producción y la propiedad privada capitalista volviendo innecesaria la ingerencia del estado en la producción.”

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