Estado y cultura. Rudolf Rocker

“Un poderoso mecanismo estatal es el mayor obstáculo para un más alto grado de cultura. Allí donde el Estado se ve atacado de decadencia interna, allí donde se reduce al mínimo la influencia del poder político sobre las fuerzas creadoras de la sociedad, es donde mejor cunde la cultura, pues el poder político siempre se esfuerza en uniformar y tiende a someter todos los aspectos del vivo conjunto social a su vigilancia. Y en esto se ve condenado a estar en contradicción inevitable con las aspiraciones creadoras del progreso cultural que siempre se halla en requerimiento de nuevas formas y campos de actividad social, para lo cual, la libertad de palabra, la diversidad y caleidoscópica mutabilidad de las cosas son de una necesidad tan vital como inconciliable con las formas rígidas, las normas muertas y la violenta supresión de todas las manifestaciones de la vida social.

Todas las culturas, si su desarrollo natural no se ve demasiado intervenido por las restricciones políticas, experimentan una renovación perpetua del estímulo educativo, y de aquí nace una creciente diversidad de actividades creadoras. Cada obra lograda levanta el deseo de una mayor perfección, de una más honda inspiración; cada nueva forma es heraldo de futuras posibilidades de desenvolvimiento. Pero el Estado no crea la cultura, como con tanta frecuencia y sin reflexionar se afirma: no hace sino procurar que las cosas se mantengan donde están, amarradas firmemente a las formas estereotipadas. Esto ha motivado todas las revoluciones de la Historia.

El poder no obra más que de una manera destructora, dispuesto en todo momento a encajar, quiera, que no, todas las manifestaciones de vida en el angosto figurín de sus leyes. Su forma de expresión intelectual es el dogma inerte: su modalidad física, la fuerza bruta. Y con semejante falta de inteligencia en los objetivos imprime su huella en los que le sostienen, volviéndoles brutales y estúpidos, aunque en el comienzo estuvieran dotados del más claro talento.

El moderno anarquismo nació de la comprensión de este hecho, y de ahí saca su fuerza moral. Únicamente la libertad puede inspirar grandes cosas y llevar a efecto las transformaciones intelectuales y sociales. El arte de gobernar a los hombres nunca fue el arte de educarles y de inspirarles el deseo de remodelar su vida. La imposición por el miedo no puede mandar más que sobre la uniformación sin alma, que sofoca toda iniciativa vital en cuanto nace, y sólo puede dirigir súbditos, no hombres libres. La libertad es la misma esencia de la vida, la fuerza impulsora de todo desarrollo intelectual y social, la creadora de toda nueva perspectiva para la Humanidad futura. La liberación del hombre de la explotación intelectual y de la opresión mental y política, cuya más hermosa expresión se halla en la filosofía mundial del anarquismo, es la primera condición indispensable para la evolución a una más elevada cultura social y a una Humanidad nueva.”

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