Escisión en la primera Internacional. Rudolf Rocker.

“Desde el momento en que la Internacional proseguía esa orientación general y, por lo demás, respetaba el derecho de decisión de las federaciones por separado, lo cual quedaba estipulado en sus estatutos, ejerció una influencia irresistible sobre los trabajadores organizados. Pero esto cambió de pronto, cuando Marx y Engels empezaron a valerse de su posición en el Consejo General de Londres para hacer que participaran las federaciones nacionales, por separado, en la acción parlamentaria. Ocurrió en la desdichada Conferencia de Londres de 1871. Tal conducta era una flagrante transgresión, no sólo del espíritu, sino de la letra del reglamento de la Internacional. No podía por menos de chocar con la resistencia de todos los elementos libertarios de la Internacional, tanto más cuanto que el asunto no había sido sometido anteriormente a un congreso para que se deliberase al respecto.

Poco después de la Conferencia de Londres, la Federación jurasiana hizo pública la circular de Sonvillier, en la que se protestaba de manera decidida e inequívoca por la osada presunción del Consejo General de Londres. Pero el congreso de La Haya, de 1872, en el que, recurriendo a los más turbios y reprensibles métodos, se formó una mayoría artificial, coronó la obra iniciada en la Conferencia de Londres, de convertir la Internacional en una máquina electoral. Y con objeto de evitar todo género de equívocos, el blanquista Eduardo Vaillant, en su alegato en defensa de la resolución propuesta por el Consejo General en favor de la conquista del poder político por parte de los trabajadores, agregó que «una vez la resolución sea aprobada por el Congreso y por tanto incorporada a la Biblia de la Internacional, todos los miembros de la misma vendrán obligados a acatarla, bajo pena de expulsión». Fue así como Marx y sus secuaces provocaron directa mente la escisión en la Internacional, con todas las desastrosas consecuencias de la misma para el desarrollo del movimiento obrero, e inauguraron el período de política parlamentaria que, por necesidad, tenía naturalmente que conducir al estancamiento intelectual y a la degeneración moral del movimiento socialista que se observa hoy en casi todos los países.”

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