Jornadas Antirrepresivas

Para recaurdar dinero para nuestro compañero Iván (leer más abajo), la Mandrágora nos ha dejado su espacio varias fechas:

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Cartel-Jornadas-Iván

¡AYÚDAME A SER LIBRE!

Todo empezó hace 4 años, cuando mi madre se quedó sin trabajo. Así daba comienzo un período de 2 años largos, en los que cada día las cosas en casa iban a peor. En casa vivíamos cuatro personas, la pareja de mi madre trabajaba en una fábrica y esta cerró y envió a todos los trabajadores a “mejor vida”… La chica con la que estaba en ese momento buscaba con su familia que, a través de la PAH, les concedieran la “dación en pago” de la casa, si no, serían desahuciados. Llegó el día en que, con 19 años, abrí la despensa de mi casa y no había nada. Así repetidas veces, estaba vacía. Entonces, ¿qué cojones podía hacer yo? No me quedaba nada. No teníamos nada. Solo podía hacer eso que leíamos en los libros de Historia de España en Bachiller, tirarme a la calle a gritar y a manifestarme como el miserable que era.

Así que, si no recuerdo mal, un 18 o 19 de julio, la PAH (Plataforma Afectados por la Hipoteca) convocaba una concentración delante de la sede del PP en Valencia. Me pasaron la info por Whatsapp, mi novia iba, yo decidí sumarme también (con un amigo).Al llegar a la concentración, la gente estaba animada y, después de un buen rato, se cortaron las calles y la gente se marchó hacia el paseo de la Petxina, sin ningún incidente ni altercado, eso sí, bien rodeados de policía. Me quedé fuera de la multitud y, por no dejar solo al amigo con el que fui, crucé el cordón policial con beneplácito de esta, y ahí fue cuando todo se complicó. Tuve unas palabras, solo unas palabras, con un hombre policía, por estar desesperado, le dije que si las leyes eran injustas había que cambiarlas… No le gustó demasiado.

Al rato de estar hablando con él, apresaron a una mujer de la edad de mi madre, estaban golpeándole en las piernas. Justamente cuando yo estaba empezando a gritar por los golpes a la mujer, el policía se puso delante de mí con una libreta, diciendo que ahora iban a proceder con mi detención, y sin darme tiempo a reaccionar ni a hacer nada, tenía a dos hombres el triple de grandes que yo, uno cogiéndome por el cuello, pasándome el brazo por detrás, pegándome puñetazos en la cara, otro haciéndome una llave de defensa en el brazo izquierdo (todo esto por detrás de mí) y un tercero tirando del pañuelo que yo llevaba el cuello y que me hacía mucho daño. Entre golpes me llevaron detrás de las furgonas, donde me tiraron al suelo. Estando yo boca abajo, me pegaron patadas y se tiraron encima de mí unos 6 o 7 policías, golpeándome con las rodillas la espalda y las piernas, recuerdo que uno solo me cogía la cabeza y que me tenía bien apretado contra el suelo, recuerdo el asfalto asfixiante y sus rodillas demoledoras encima de mí, sobre mi cara deshecha. Estaban intentando esposarme y yo no me resistía, recuerdo decirles muchas veces: “estoy tranquilo, estoy tranquilo, me ahogo, dejadme respirar por favor”, quería morirme, sentía como si me quemara el pecho por dentro. Cuando me esposaron, me sentaron, y ahí fueron pasando todos mirándome y riéndose. Se burlaban de mí.

Me levantaron los antidisturbios y me pusieron contra el furgón, y yo miraba en dirección a la manifestación. Un policía vino y se puso a gritarme que me iba a matar si no miraba hacia otro lado. Me subieron al coche con otro chico detenido y de ahí a la comisaría, el poli que iba de copiloto tenía ganas ya de acabar su turno. Al policía que iba de conductor se le veía bastante responsable, atento y preocupado por nosotros. Dentro de comisaría estuvieron haciéndonos preguntas (otros policías), nos vacilaban y después iban de amigos, nos tenían mareados. No dije demasiado. Tenía un dolor de cabeza impresionante. Nos desnudaron, nos hicieron fotos ya vestidos y sacaron todas nuestras huellas dactilares.

En el médico, nos inspeccionaron siempre con un policía delante, mirando el parte y lo que nos examinaba. A las 4 de la mañana fuimos a declarar y al forense. El forense no me hizo demasiado caso, me decía que los dolores que tenía en la espalda se irían en unas semanas durmiendo sin cojín… Le decía que la tenía deshecha… El forense me ofreció un ibuprofeno que cogí pero que no me tomé, quería recordar el dolor que tenía. Al salir del juzgado, esposado, vi a mi madre, se le deshizo el corazón. No me dejaron acercarme, le grité: “¡Te quiero, mamá!”. Otra vez a comisaría. 7

Ahora, cuatro años después, solo me queda decir que este sufrimiento que han sembrado en mí, esta mierda de castigo, yo no me lo merezco. ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido de familia pobre? No tengo paz. No la encuentro en nada, solo en el activismo político encuentro una forma de luchar. No tengo dinero para pagarle al abogado, pero es un tío que se porta muy bien. No soy capaz de tirar adelante sin el apoyo de la gente que quiero. ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer? Necesitaba escribir esto. Contarte las mil noches que he pasado en vela porque el corazón me iba tan rápido que no podía dormir, pensando en aquellos gritos. Me despierto pensando en aquellos policías pegándome y riéndose de mí, es el miedo quien me ha dominado.

Tengo que pagar una multa de 8000 euros en los próximos dos meses, en caso contrario, me enfrentaré a la pena de prisión. Si mi historia te ha llegado dentro, por favor hazla tuya y difunde este escrito, ayúdame a ser libre.

¡¡¡Muchas gracias, salud y libertad!!!

AJUDA’M A SER LLIURE!

Tot començà fa 4 anys, quan la meua mare es va quedar sense feina. Així es donava inici a un període de 2 anys llargs, en els què a cada dia que la situació passava, a casa les coses anaven pitjor. A casa vivíem quatre persones, la parella de ma mare treballava en una fàbrica, i aquesta va tancar i va enviar a tots els treballadors a “millor vida”… La xicona amb la què estava en aquell moment, buscava amb la seua familia que a través de la PAH, els concediren la “dación en pago” de la casa, si no, seríen deshauciats. Arrivà el dia, en què jo, amb 19 anys, vaig obrir la despensa de ma casa, i no hi havia res. Així repetides vegades, estava buida. Llavors, què collons podia fer jo? No em quedava res. No teníem res. Només podia fer allò què llegíem als llibres d’Història d’Espanya al Batxiller, tirar-me al carrer a cridar i a manifestar-me com al misserable què era.

Així que si no recorde mal, un 18 o 19 de Juny o de Juliol, la PAH (Plataforma Afectats per la Hipoteca) convocava una concentració davant la sede del PP a València. Em van passar la info pel whatsapp, la meua nòvia anava, jo vaig decidir sumar-me també (amb un amic). Al arrivar a la concentració, la gent estava animada i passada una bona estona, es van tallar els carrers i la gent va martxar cap al passeig de la Petxina, sense cap incident ni altercat, aixó sí, ben rodejats de policia. Em vaig quedar fora de la multitud, i per no deixar sol a l’amic amb el què vaig anar, creuí el cordó policial amb beneplàcit d’aquesta, i ahi fou on tot es va complicar. Vaig tenir unes paraules, només unes paraules amb un home policia, per estar desesperat, vaig dir-li que si les lleis eren injustes hi havia que canviar-les… No li va agradar molt.

Al temps de parlamentar amb ell, van apressar una dona de l’edat de ma mare, estaven colpejant-li les cames, justament quan jo estava començant a cridar pels colps a la dona, el policia es va clavar davant meua, amb una llibreta dient que ara anàven a procedir a la meua detenció, i sense donar-me temps a reaccionar ni a fer res, tenia a dos homes el triple de grans que jo, un agafant-me pel coll, passant-me el braç per darrere, pegant-me punyades a la cara, altre fent-me una clau de defensa al braç esquerre (tot açó per darrere meua) i un tercer tirant del mocador que duia al coll i que em feia molt de mal. En el moment en què va passar açó vaig deixar el meu pes mort, no vaig voler fer res, sabia que si reaccionava d’alguna manera seria pitjor. Així què entre colps em van dur darrere les furgones, on em van tirar al piso, estant jo pantxa per avall, em van pegar patades i es van tirar damunt meua uns 6 o 7 policies, colpejant-me amb els genolls la esquena i les cames, recorde que un només m’agafava el cap i que em tenia ben apretat contra el sòl, recorde l’asfalt asfixiant i els seus genolls demoledors a sobre meua, sobre la meua cara desfeta. Estaven intentant esposar-me i jo no em resistia, recorde dir-los moltes vegades, “estoy tranquilo estoy tranquilo, me ahogo, dejadme respirar por favor”, volia morir-me, sentia com si me cremara el pit per dins. Quan em van esposar, van sentar-me, i ahi van anar passant mirant-me tots i rient-se. Es burlaven de mi.

Em van alçar els antidisturbis i em van possar contra un furgó, i jo mirava en direcció cap a la manifestació. Em pujaren al cotxe amb altre xic detés i d’ahi cap a comissarìa, el poli que anava de copilot tenia ganes ja d’acavar el seu torn. El policia què anava de conductor, se’l veia prou responsable, atent i preocupat per nosaltres. Dins de comissaria estigueren fent-nos preguntes (altres policies), ens vacilaven i després anaven d’amics, ens tenien maretxats. No vaig dir massa. Tenia un dolor de cap impressionant. Ens van despullar, ens van fer fotos a tot ja vestits i van traure totes les nostres ditades.

En el metge, ens van inspeccionar sempre en un policia davant, mirant el part i el què ens examinava. Tenien pressa. A les 4 del matí anarem a declarar i al forense. El forense no em va fer molt de cas, em deia que els dolors que tenia a l’esquena se’n anirien en unes setmanes dormint sense coixí… Li deia que la tenia desfeta… El forense em va oferir un ibuprofeno que vaig agafar però que no em vaig prendre, volia recordar el dolor que tenia. Al eixir del jutjat, esposat, vaig veure la mare, se li va desfer el cor, joder com recorde aquella imatge. No em deixaren arrimar-me, li vaig cridar “ Te vuic mamà!”. Altra vegada a comissaria.

Ara, quatre anys després, només em queda dir què aquest sofriment que han sembrat en mi, esta merda de càstig, jo no me’l mereixc. Quina culpa tinc jo d’haver nascut de familia pobra? No tinc pau. No la trobe en res, només en l’activisme polític trobe una forma de lluitar. No tinc diners per pagar-li a l’advocat, però és un tio que es porta molt bé. No sóc capaç de tirar cap endavant sense el recolzament de la gent que estime. Què faig? Què puc fer? Necessitava escriure açó. Contar-te les mil nits què he passat en vetla perquè el cor m’anava tant ràpid que no podia dormir, pensant en aquells crits. Em desperte pensant en aquells policies pegant-me i riguent-se de mi, és la por la que m’ha dominat.

He de pagar una multa de 8000 euros en els propers dos mesos, en cas contrari, hauré d’anar a pressó. Si la meua història t’ha aplegat a dins teu, per favor fes-la teua i difón aquest escrit, ajuda’m a ser lliure.

Moltes gràcies, salut i llibertat!!!

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