Juventudes Libertarias en RadioKlara

Intervención de dos militantes de Juventudes Libertarias donde contextualizan la política actual y presentan su opinión.

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Juventudes Libertarias en Radio Klara

Sabado 6 de Diciembre las Juventudes Libertarias emiten un programa presentandose y hablando un poco de politica social.

Sera de 9 a 10 de la mañana en Radio Klara, dial 104’40 o en http://www.radioklara.org/radioklara/

¡Esperamos que nos oigas y nos comentes!

Campaña en solidaridad con Godella (JJLL Burjassot)

Desde la Federación Local de Burjassot damos comienzo a la campaña de solidaridad con los vecinos de Godella en su lucha para parar el pago de 16.000.000 de Euros a la Iglesia Católica que llevaría a la ruina económica, sanitaria y social a los habitantes de esta localidad.

Desde Burjassot llamamos a todxs los compañerxs a que se informen sobre el conflicto y que, como  puedan, apoyen la lucha de los vecinos de esta localidad ya que si el Ayuntamiento que finge servir al pueblo efectúa el pago finalmente más de 100 familias se verán gravemente afectadas en los primeros meses al verse eliminadas todas las prestaciones sociales que reciben por parte del Ayuntamiento.

Conforme el conflicto avanze y la FL siga desarrollando acciones, seguiremos informando.

Si quieres ponerte en contacto con nosotrxs para interesarte por el conflicto o para aportar cualquier idea puedes hacerlo a través de: juventudeslibertariasburj@riseup.net

 

NI PARC NI HÓSTIES!

 

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https://www.facebook.com/GodellaNoPagaALesMonges

https://www.youtube.com/watch?v=EStAusDFjV8

Crisis de sobreproducción. Rudolf Rocker

 “Y mientras el naciente capitalismo estaba ligado ─antes del dominio de la máquina─ al estado artesano, de obra manual de la industria, sus posibilidades de expansión se veían, de momento, limitadas, ya que la demanda de productos industriales era por lo general superior al rendimiento, con lo cual el trabajador estaba a salvo de serias crisis económicas.

Sin embargo, todo aquello cambió en muy pocos años, así que la moderna máquina empezó a desempeñar su papel, en condiciones de contar de antemano con la demanda en masa y teniendo además por delante la conquista de los mercados extranjeros. Cada nuevo invento aumentaba la capacidad de producción en una medida de constante crecimiento y convertía al capital industrial en dueño indiscutible de la industria capitalista, dominando el comercio y las finanzas. Y puesto que la libre competencia, que los teorizantes sostuvieron que era una ley económica de hierro, descartó todo proyecto de control de la producción industrial, tenía que ocurrir que, a intervalos más o menos largos, la producción, por diversas causas, excediese a la demanda. Esto provocó bruscas interrupciones en la producción, llamadas crisis, y que eran desastrosas para la población proletaria de las ciudades, pues condenaban a los trabajadores a una inactividad forzosa que les privaba de los medios indispensables de vida. Precisamente este fenómeno de la «sobreproducción» es revelador del verdadero carácter del moderno capitalismo: condición en la cual, mientras fábricas y depósitos están abarrotados de mercancías, los auténticos productores languidecen en la más amarga miseria. Esto pone en evidencia el horror de un sistema según el cual el hombre no es nada y la posesión inerte lo es todo.”

Propiedad pública y propiedad común. Pannekoek

“El objetivo reconocido del socialismo es sacar los medios de producción de manos de la clase capitalista y ponerlos en manos de los obreros. De este objetivo se habla a veces como de propiedad pública, a veces como de propiedad común, del aparato de producción. Hay, sin embargo, una diferencia marcada y fundamental.

La propiedad pública es la propiedad, es decir, el derecho de disposición, de un cuerpo público que representa a la sociedad, del gobierno, el poder estatal o algún otro cuerpo político. Las personas que forman este cuerpo, los políticos, funcionarios, dirigentes, secretarios, gerentes, son los amos directos del aparato de producción; ellos dirigen y regulan el proceso de producción; ellos mandan a los obreros. La propiedad común es el derecho de disposición por los obreros mismos; la propia clase obrera –tomada en el sentido más amplio de todos los que comparten el trabajo realmente productivo, incluyendo a los empleados, campesinos, científicos– es el ama del aparato de producción, gestionando, dirigiendo y regulando el proceso de producción que es, de hecho, su trabajo común.

Bajo la propiedad pública los obreros no son amos de su trabajo; pueden ser mejor tratados y sus salarios pueden ser más altos que bajo la propiedad privada; pero son todavía explotados. La explotación no significa simplemente que los obreros no reciben el pleno producto de su trabajo; una parte considerable debe siempre gastarse en el aparato de producción y para las secciones improductivas aunque necesarias de la sociedad. La explotación consiste en que otros, formando otra clase, disponen del producto y de su distribución; que ellos deciden qué parte se asignará a los obreros como salarios, qué parte retienen para ellos y para otros propósitos. Bajo la propiedad pública esto pertenece a la regulación del proceso de producción, que es la función de la burocracia. Así, en Rusia la burocracia como clase dominante es la dueña de la producción y del producto, y los obreros rusos son una clase explotada.”

Capitalismo de Estado. Paul Mattick

“Un auténtico capitalismo de Estado es sin duda algo más que tendencias capitalistas del Estado, o empresas del Estado, o incluso el control del Estado en una sociedad burguesa bajo otras formas de dominación. El capitalismo de Estado como un sistema social supone la expropiación de los capitalistas individuales, es decir, una revolución en las relaciones de propiedad.

Mientras que el modo de producción capitalista creció históricamente sobre la base de la propiedad individual de los medios de producción, la revolución rusa ha demostrado que bajo ciertas condiciones, el modo de producción capitalista puede seguir existiendo a pesar de que los propietarios individuales se eliminan y se sustituye por aparato explotador colectivo donde las fábricas no son propiedad del capitalista “X” o “Y”, pero que son “controlados” (es decir, de propiedad) por el Estado (es decir, las clases controladoras).

La revolución rusa cambió las relaciones de propiedad, reemplazando propietarios individuales por los bolcheviques y sus aliados, sustituyendo nuevas frases “revolucionarias” por las viejas consignas, montando la hoz y el martillo sobre el Kremlin, donde el águila zarista estuvo una vez, pero la toma del poder bolchevique no cambió el modo de producción capitalista. Es decir, bajo los bolcheviques, sigue existiendo, como hasta la fecha, el sistema del trabajo asalariado y la apropiación por la clase explotadora de la plusvalía que genera beneficios. Y, lo que se hace con dicha plusvalía es exactamente lo que hacía con ella bajo el sistema de los capitalistas individuales, permitido, por supuesto, por el carácter especial del capitalismo de Estado.

Dicha plusvalía se distribuye de acuerdo a las necesidades del capital total en aras de su acumulación y de salvaguardar el aparato estatal capitalista mediante el aumento de su poder y prestigio.

Sólo un cambio en el modo de producción puede traer el socialismo, de lo contrario, por lo que a los trabajadores se refiere, solo habrán intercambiado un conjunto de explotadores por otro. En las condiciones de acumulación del capitalismo de Estado, el desarrollo de las fuerzas productivas por el trabajo asalariado está ligado, como en el caso del “capitalismo regular”, con un aumento de la apropiación de la plusvalía, con una mayor explotación, y por lo tanto con el desarrollo de nuevas clases, nuevos intereses creados con el fin de continuar con este proceso, dado que la clase obrera no puede explotarse a sí misma.”

La adaptación del capitalismo. Rosa Luxemburgo

“Según Bernstein, el sistema de crédito, los medios perfeccionados de comunicación y las nuevas combinaciones capitalistas son factores importantes que favorecen la adaptación de la economía de capitalista.

El crédito posee diversas aplicaciones en capitalismo. Sus dos funciones más importantes son ampliar la producción y facilitar intercambio. Cuando la tendencia interna de la producción capitalista a extenderse ilimitadamente choca contra las restricciones de la propiedad privada, el crédito aparece como medio para superar esos límites en forma típicamente capitalista. El crédito, a través de las acciones, combina en un gran capital muchos capitales individuales. Pone al alcance de cada capitalista el uso del dinero de otros capitalistas, bajo la forma del crédito industrial. En tanto que crédito comercial acelera el intercambio de mercancías y con ello la reinversión del capital en la producción y así ayuda a todo el ciclo del proceso de producción. La manera en que ambas funciones del crédito influyen sobre las crisis es bastante obvia. Si es cierto que las crisis surgen como resultado de la contradicción entre la capacidad de extensión, la tendencia al incremento de la producción y la capacidad de consumo restringida del mercado, el crédito es precisamente, a la luz de lo que decimos más arriba, el medio específico que hace que dicha contradicción estalle con la mayor frecuencia. En primer lugar, aumenta desproporcionadamente la capacidad de extensión de la producción y constituye así una fuerza motriz interna que lleva a la producción a exceder constantemente los límites del mercado. Pero el crédito golpea desde dos flancos. Después de provocar (como factor del proceso de producción) la sobreproducción, durante la crisis destruye (en tanto que factor de intercambio) las fuerzas productivas que él mismo engendró. Al primer síntoma de la crisis el crédito desaparece. Abandona el intercambio allí donde éste sería aún indispensable y, apareciendo ineficaz e inútil allí donde sigue existiendo algún intercambio, reduce al mínimo la capacidad de consumo del mercado. Además de estos dos resultados principales, el crédito también influye en la formación de las crisis de otras maneras. Constituye un medio técnico que le permite al empresario tener acceso al capital de los demás. Estimula, a la vez, la utilización audaz e inescrupulosa de la propiedad ajena. Es decir, que conduce a la especulación. El crédito no sólo agrava la crisis en su calidad de me dio de cambio encubierto, también ayuda a provocar y extender la crisis transformando el intercambio en un mecanismo sumamente complejo y artificial que, puesto que su base real la constituye un mínimo de dinero efectivo, se descompone al menor estímulo. Vemos que el crédito en lugar de servir de instrumento para suprimir o paliar las crisis es, por el contrario, una herramienta singularmente potente para la formación de crisis. No puede ser de otra manera. El crédito elimina lo que quedaba de rigidez en las relaciones capitalistas. Introduce en todas partes la mayor elasticidad posible. Vuelve a todas las fuerzas capitalistas extensibles, relativas, y sensibles entre ellas al máximo. Esto facilita y agrava las crisis, que no son sino choques periódicos entre las fuerzas contradictorias de la economía capitalista.

Eso nos lleva a otro problema, ¿Por qué aparece el crédito generalmente como “medio de adaptación” del capitalismo? Sea cual fuere la forma o relación en la que ciertas personas representan esa “adaptación”, obviamente solo puede consistir en su poder de suprimir una de las varias relaciones antagónicas de la economía capitalista, es decir, en el poder de suprimir o debilitar una de esas contradicciones y permitir la libertad de movimientos, en tal o cual momento, a las fuerzas productivas que de otro modo se encontrarían atadas. En realidad, es precisamente el crédito el que agrava estas relaciones al máximo. Agrava el antagonismo entre el modo de producción y el modo de cambio forzando la producción hasta el límite y, a la vez, paralizando el intercambio al menor pretexto. Agrava el antagonismo entre el modo de producción y el modo de apropiación separando la producción de la propiedad, es decir, transformando el capital empleado en la producción en capital “social” y transformando a la vez parte de la ganancia, bajo la forma de interés sobre el capital, en un simple título de propiedad. Agrava el antagonismo entre las relaciones de propiedad (apropiación) y las relaciones de producción dejando en pocas manos inmensas fuerzas productivas y expropiando a un gran número de pequeños capitalistas. Por último, agrava el antagonismo existente entre el carácter social de la producción y la propiedad privada capitalista volviendo innecesaria la ingerencia del estado en la producción.”

Imperialismo. Lenin

Como hemos visto, el imperialismo, por su esencia económica, es el capitalismo monopolista. Con ello queda ya determinado el lugar histórico del imperialismo, pues el monopolio, que nace única y precisamente de la libre concurrencia, es el tránsito del capitalismo a un orden social económico más elevado. Hay que poner de relieve particularmente cuatro variedades principales del monopolio o manifestaciones principales del capitalismo monopolista característicos del período que nos ocupa.
 
En primer lugar, el monopolio surge de la concentración de la producción al alcanzar ésta un grado muy elevado de desarrollo. Lo formas asociaciones capitalistas monopolistas, los cárteles, los consorcios y los trusts.
(…)
En segundo lugar, los monopolios han estimulado la captura de de las fuentes más importantes de materias primas, particularmente para las industrias  básicas y más cartelizdas de la sociedad capitalista: la del carbón y la siderurgia. El monopolio de las principales fuentes de materias primas ha aumentado terriblemente el poder del gran capital y agravado los antagonismos entre la industria cartelizada y la no cartelizada
 
En tercer lugar, el monopolio ha sugido de los bancos, que han pasado de ser modestas empresas intermediarias a ser ahora el monopolio del capital financiero. La oligarquía financiera rodea con una tupida red de relaciones de dependencia todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad burguesac ontemporánea sin excepción; tal es la manifestación más llamativa de este monopolio.
 
En cuarto lugar, el monopolio ha nacido de la política colonial. A los numerosos “viejos” motivos de la política colonial, el capital financiero ha añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capital, por las “esferas de influencia”, esto es, las esferas de transacciones lucrativas, concesiones, beneficios monopolistas, etc., y, finalmente, por el territorio económico engeneral.
(…)
Los monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en estado de descomposición. Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la creación de “Estados -rentistas”, de Estados- usureros, cuya burguesía vive cada día más de la exportación del capital y de “cortar el cupón”. Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital (Inglaterra).”