Crónica manifestación “Sindicato de estudiantes” 24/03/15

Hoy, día 24 de Marzo de 2015, el Sindicato de Estudiantes había convocado huelga estudiantil, la cual ha sido secundada por algunas profesoras tanto de universidades como de institutos. Juventudes Libertarias y la Organización Estudiantil Sin Líderes decidieron oponerse a dicha convocatoria y realizar dos acciones en contra del Sindicato de Estudiantes: Repartir panfletos durante la manifestación en contra del SE y de la segmentación del movimiento estudiantil y por otra parte, desplegar una pancarta a las 12:00 delante de las pancartas del SE en la que ponía: SINDICATO DE ESTUDIANTES=SINDICATO DE FARSANTES.

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“(DES)LEGITIMIDAD DEL ESTADO”.

En esta primera parte del trabajo, expondré a los dos autores propuestos a tratar en la asignatura, Thomas Hobbes y Jean Jacques Rousseau, tratando de hacer un análisis crítico de sus textos, para compararlos a continuación con parte de la teoría sobre la Revolución Social de Mijail Bakunin.

Añadir de antemano, que difiero con los principios de la citación pues hacen referencia a la propiedad intelectual, cosa de la cual no estoy de acuerdo en ciertos aspectos, así que cómo el trabajo debe de atenderse a las normas académicas preestablecidas en la asignatura, quería expresar que no es mi intención copiar ni hacer un uso inadecuado de las teorías de los distintos autores ni apropiarmelas cómo a mías. Si no soy capaz de normativizar la escritura de mi texto bajo estos criterios, me gustaría que se me tuviese en cuenta mi opinión y que no fue mi intención desprestigiar el trabajo de los autores tratados.

Hobbes, “De las causas, generación y definición de un Estado”.

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Juventudes Libertarias en Radio Klara

Sabado 6 de Diciembre las Juventudes Libertarias emiten un programa presentandose y hablando un poco de politica social.

Sera de 9 a 10 de la mañana en Radio Klara, dial 104’40 o en http://www.radioklara.org/radioklara/

¡Esperamos que nos oigas y nos comentes!

Vota, pero escucha. Ricardo Mella

“Tuve, en vísperas de las pasadas elecciones, la humorada de asomarme al
 paraíso de cierto teatro donde se celebraba un mitin electoral. Era para mí
 un espectáculo nuevo en el que tomaban parte antiguos amigos de amplias 
ideas con gentes nuevas de limitadísimas orientaciones. Salí de allí con la 
cabeza caliente y los pies fríos. Tuve que soportar una regular jaqueca de
 providencialismo político y, naturalmente, sufrí las consecuencias. Estoy 
maravillado. No pasan días por las gentes. No hay experiencia bastante 
fuerte para abrirles los ojos. No hay razón que los aparte de la rutina.

Como los creyentes que todo lo fían a la providencia, así los radicales,
 aunque se llamen socialistas, continúan ponien­do sus esperanzas en los 
concejales y diputados y ministros del respectivo partido. «Nuestros
 concejales harán esto y lo otro y lo de más allá». «Nuestros diputados
 conquistarán tanto y cuanto y tanto más.» «Nuestros ministros decretarán,
 crearán, transformarán cuanto haya que decretar, crear y transformar». Tal
es la enseñanza de ayer, de hoy y de mañana. Y así el pueblo, a quien se 
apela a toda hora, sigue aprendiendo que no tiene otra cosa que hacer sino 
votar y esperar pacientemente a que todo se le dé hecho. Y va y vota y
 espera.

Tentado estuve de pedir la palabra y arremeter de frente contra la falaz
 rutina que así adormece a las gentes. Tentado estuve de gritar al obrero 
allí presente y en gran mayoría:

«Vota, sí, vota; pero escucha. Tu primer deber es salir de aquí y
 seguidamente actuar por cuenta propia. Ve y en cada barrio abre una escuela
 laica, funda un periódico, una biblioteca; organiza un centro de cultura,
 un sindicato, un círculo obrero, una cooperación, algo de lo mucho que te 
queda por hacer. Y verás, cuando esto hayas hecho, como los concejales, los
 diputados y los ministros, aunque no sean tus representantes, los 
representantes de tus ideas, siguen esta corriente de acción y, por
 seguirla, promulgan leyes que ni les pides ni necesitas; administran
 conforme a estas ten­dencias, aunque tu nada les exijas; gobiernan, en fin,
 según el ambiente por ti creado directamente, aunque a ti maldito lo que te 
importe de lo que ellos hagan. Mientras que ahora, como te cruzas de brazos 
y duermes sobre los laureles del voto-providencia, concejales, diputados y
 ministros, por muy radicales y socialistas que sean, continuarán la rutina
 de los discursos vacíos, de las leyes necias y de la administración 
cominera. Y suspirarás por la instrucción popular, y conti­nuarás tan burro 
como antes, clamarás por la libertad y tan amarrado como antes a la argolla 
del salario seguirás, de­mandarás equidad, justicia, solidaridad, y te
 darán fárragos y más fárragos de decretos, de leyes, reglamentos, pero ni 
una pizca de aquello a que tienes derecho y no gozas porque ni sabes ni 
quieres tomártelo por tu mano».

«¿Quieres cultura, libertad, igualdad, justicia? Pues ve y conquístalas, no 
quieras que otros vengan a dártelas. La fuerza que tú no tengas, siéndolo 
todo, no la tendrán unos cuantos, pequeña parte de ti mismo. Ese milagro de 
la política no se ha realizado nunca, no se realizará jamás. Tu
 emancipación será tu obra misma, o no te emanciparás en todos los siglos de 
los siglos».

«Y ahora ve y vota y remacha tu cadena».”

(Publicado originalmente en *Solidaridad Obrera*, núm. 4. Gijón, 25 de
diciembre de 1909.)

Libertad de expresión. Peter Gelderloos

“Permitir las protestas no violentas mejora la imagen del Estado. Lo quieran o no, la disidencia no violenta juega el papel de una oposición leal en una representación que dramatiza la disensión y crea la ilusión de que el gobierno democrático no es elitista o autoritario. Lxs pacifistas pintan al Estado como benévolo porque le dan la oportunidad de tolerar una crítica que en realidad no amenaza su funcionamiento continuado. Una protesta colorida, concienzuda y pasiva frente a una base militar sólo hace que mejorar la imagen del propio ejército; y es que ¡sólo un ejército justo y humano toleraría que se hicieran protestas delante de su puerta principal!. Una protesta de este tipo es como meter una flor en el cañón de una pistola. No impide que la pistola pueda disparar.

Lo que la mayoría de lxs pacifistas parece no entender es que la libertad de expresión no nos empodera, y que no es una libertad igualitaria. La libertad de expresión es un privilegio que puede ser (y de hecho es) bandera del gobierno cuando ésta sirve a sus intereses. El Estado tiene el incontestable poder de quitarnos nuestros “derechos” y la Historia nos muestra el ejercicio regular de este poder. Incluso en nuestra cotidianidad podemos intentar decir lo que queramos a nuestrxs jefxs, juecxs, o a lxs oficiales de policía, y a menos que seamos esclavxs complacientes, una lengua libre y honesta nos conducirá a funestas consecuencias. En situaciones de emergencia social, las limitaciones de “la libertad de expresión” se vuelven aún más pronunciadas. Consideremos por ejemplo a lxs activistas encarceladxs por pronunciarse en contra de las quintas de la Primera Guerra Mundial y a la gente que fue arrestada en el 2004 por protestar durante los eventos en los que Bush intervenía.

La libertad de expresión sólo es libre en la medida en que no constituye una amenaza y no tiene la posibilidad de desafiar al sistema.”

 

Intelectualismo. Varios autores

“El desarrollo de la civilización en la que vivimos con sus instituciones de dominación está basado en la división del trabajo, el proceso por el cual las actividades necesarias para vivir son transformadas en roles especializados para la reproducción de la sociedad. Tal especialización sirve para socavar la autonomía y reforzar la autoridad porque le arrebata ciertos instrumentos -ciertos aspectos de un individuo completo- a la gran mayoría, y los coloca en las manos de un@s poc@s llamad@s expert@s.

Una de las especializaciones más fundamentales es la que creó el rol del intelectual, el especialista en el uso de la inteligencia. Pero el intelectual no está definido tanto por la inteligencia como por la educación. En esta era de capitalismo industrial/alta tecnología, a la clase dominante le resulta de poca utilidad el pleno desarrollo y ejercicio de la inteligencia. En su lugar requiere la especialización, la separación del conocimiento estrechos campos conectados solo por su sometimiento a la lógica del orden dominante-la lógica del beneficio y el poder. De esta forma, la “inteligencia” del intelectual es u inteligencia deformada y fragmentada con casi ninguna capacidad de hacer conexiones, entender relaciones o comprender (sin hablar de desafiar) totalidades.



La especialización que crea al intelectual es de hecho parte del proceso de estupefacción que el orden dominante impone a quienes son dominad@s. Para el intelectual, el conocimiento no es la capacidad cualitativa de entender, analizar y razonar sobre la propia experiencia o de hacer uso de los esfuerzos de otr@s para alcanzar tal comprensión.



El conocimiento de los intelectuales está completamente desconectado de la sabiduría, que es considerada un extraño anacronismo. Más bien, es la capacidad de recordar hechos inconexos, trozos de información, lo que ha llegado a ser visto como “conocimiento”. Solo semejante degradación del concepto de inteligencia podría permitir a la gente hablar de la posibilidad de “inteligencia artificial” en relación a esas unidades de almacenamiento y examen continuo de información que llamamos ordenadores.

Si entendemos que el intelectualismo es la degradación de la inteligencia, entonces podemos reconocer que la lucha contra el intelectualismo no consiste en el rechazo a las capacidades de la mente, sino más bien en el rechazo a un especialización deformadora.”

El conformismo. Gramsci

“Por causa de determinada concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que participan de ese mismo modo de pensar y de obrar. Se es conformista de algún conformismo, se es siempre hombre-masa u hombre-colectivo. La cuestión es: ¿a qué tipo histórico pertenece el conformismo, el hombre-masa del cual se es parte? Cuando la concepción del mundo no es crítica ni coherente, sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa, y la propia personalidad se forma de manera compleja: hay en ella elementos del hombre de las cavernas y principios de la ciencia más moderna y avanzada; prejuicios de las etapas históricas pasadas, groseramente localistas, e intuiciones de una filosofía del porvenir que será propia del género humano mundialmente unificado. Criticar la propia concepción del mundo es tornarla, entonces, consciente y homogénea, y elevarla hasta el punto al que ha llegado el pensamiento mundial más avanzado. Significa, por consiguiente, criticar toda la filosofía existente hasta ahora, en la medida en que ha dejado estratificaciones consolidadas en la filosofía popular. El comienzo de la elaboración crítica es la conciencia de lo que realmente se es, es decir, un “conócete a ti mismo” como producto del proceso histórico desarrollado hasta ahora y que ha dejado en ti mismo una infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario. Hay que comenzar por hacer ese inventario.”